Además, una de las marcas registradas de su show actual es la aclamada “Casita”, la réplica de una vivienda tradicional del campo puertorriqueño que funciona como escenario secundario (en este caso, ubicado en el campo trasero de River), donde el cantante interpreta versiones acústicas de sus temas, interactúa con el público y aloja a los invitados famosos. “Siempre me dieron cosa los VIP. Ese faranduleo raro. Entonces pensé: ‘¿cómo lo hago divertido?’ El VIP va a ser la Casita. Con su cocina, su sofá, todo. Que sea parte del show”, explicó el boricua a Billboard.
Bad Bunny aterrizó en Buenos Aires el martes pasado, a las 4.45 de la madrugada, y se hospedó en el Palacio Duhau. El miércoles, disfrutó de una cena privada en NESS, el restaurante de fuegos del chef Leo Lanussol ubicado en el corazón del barrio porteño de Núñez. Rodeado de un fuerte operativo de seguridad, el cantante llegó al lugar alrededor de las 20.30. Con el objetivo de pasar desapercibido, optó por un look compuesto por un par de lentes, gorra, capucha y un pañuelo que le cubría la cara. Durante la velada se mostró relajado, amable y de buen humor. Incluso, charló con el equipo del restaurante y compartió algunos chistes.
El jueves por la noche volvió a degustar la gastronomía local, aunque esta vez con una compañía muy especial. El intérprete de “NUEVAYoL” fue visto a la salida del restaurante Aramburu, en Recoleta, junto a su ¿ex? pareja, la modelo, empresaria y diseñadora puertorriqueña Gabriela Berlingeri, en medio de los rumores de reconciliación que los vinculan desde el Super Bowl. Según trascendió, les reservaron exclusivamente el primer piso del lugar para disfrutar de una cita romántica como festejo adelantado de San Valentín, dado que el 14 de febrero coincide con la segunda presentación del boricua en River.
El despliegue de seguridad fue acorde al momento de exposición que atraviesa el artista, entre rumores de amenazas por sus críticas a la política migratoria de Donald Trump y el supuesto de que usó un chaleco antibalas durante la entrega de los Grammy. Por eso, ingresó y se retiró del restó ubicado en el Pasaje del Correo escoltado por un equipo de al menos diez custodios, mientras cinco camionetas blindadas aguardaban en las inmediaciones. Sin embargo, al salir se tomó unos segundos para saludar a los fans que lo esperaban en la vereda.