Para concretar las maniobras de levantamiento y encarrilamiento, los trabajadores comenzaron a trasvasar la carga de grano hacia un camión, buscando reducir el peso del vagón de gran porte que quedó recostado sobre la banquina urbana.
«Las grúas trabajaron sábado y domingo y pudieron levantar tres vagones. Queda uno que no pudieron mover y lo están vaciando ahora. Si esto hubiese ocurrido de día, seguro hubiese pasado algo grave porque hay muchos chicos jugando y pasan vehículos constantemente», manifestó Rolando, vecino de la zona del siniestro ferroviario.
Árboles, columnas y un impacto contareloj
El siniestro se produjo durante la madrugada del jueves, cuando el estruendo de los coches saliendo de los rieles despertó a las familias residentes en el sector. Según el testimonio de los habitantes del barrio, la presencia de elementos urbanos actuó como barrera de contención:
Contención natural: ejemplares de Palo Borracho y arbolado público amortiguaron el desplazamiento de dos de las pesadas unidades de carga.
Infraestructura de servicios: una columna de tendido eléctrico frenó el avance de otro de los vagones, evitando que se proyectara directamente contra la calzada de asfalto y las viviendas lindantes.
Pese a que las formaciones ya volvieron a circular por la traza afectada, los vecinos informaron que los trenes transitan a marcha reducida y precaución extrema, al tiempo que exigieron un plan de mantenimiento urgente y controles periódicos sobre las vías en el ejido urbano hasta tanto se concrete la obra del Circunvalar Ferroviario.