Preparar aceite saborizado en casa es una forma sencilla de darle un toque diferente a ensaladas, panes, pastas y distintas comidas. Además, permite aprovechar hierbas aromáticas y combinar sabores según el gusto de cada persona.
Para hacerlo, solo se necesita un aceite de sabor suave, como el de oliva, y hierbas aromáticas. Romero, tomillo, albahaca, orégano y laurel son algunas de las opciones que pueden utilizarse.
Antes de comenzar, es importante que las hierbas estén completamente secas. La humedad puede afectar la conservación del aceite, por lo que conviene lavarlas y dejarlas secar muy bien antes de incorporarlas.
Una vez listas, hay que colocar las hierbas en una botella o frasco limpio y seco y cubrirlas con el aceite. Después, el recipiente debe cerrarse y dejarse reposar en un lugar fresco y oscuro durante algunos días para que los sabores se integren.
Cuanto más tiempo repose, más intenso puede ser el sabor. Sin embargo, no es necesario dejarlo durante semanas para obtener un buen resultado. A partir de los primeros días ya puede comenzar a utilizarse.
Para una conservación más segura, se recomienda preparar cantidades pequeñas, mantener el aceite refrigerado y consumirlo en un período corto. Si se usan ingredientes frescos, como ajo o hierbas húmedas, es especialmente importante no dejar el aceite a temperatura ambiente durante períodos prolongados.