En aquella oportunidad, la joven saltó al vacío desde una altura de 40 metros sin estar sujeta a la cuerda de seguridad, falleciendo en el acto debido a una falla catastrófica en los protocolos de control y coordinación de la actividad.
Ambos casos volvieron a encender el debate en las redes sociales y entre las autoridades locales respecto a la falta de regulaciones estrictas y la imprudencia en los destinos turísticos.
Mientras que en el caso de São Paulo la investigación apuntó directamente a la negligencia de la empresa organizadora del salto, el reciente siniestro en Río de Janeiro expone los peligros de subestimar el entorno natural por conseguir una «foto perfecta». Los rescatistas reiteraron el llamado a respetar los límites de senderos autorizados y a no desafiar las medidas básicas de autocuidado en zonas de acantilados.