El domingo pasado se realizó la segunda vuelta de la elección presidencial en Brasil. El periodo entre los dos momentos electorales fue de gran actividad por parte de ambos candidatos, pero el más activo significativamente fue Lula y su equipo de campaña, que hicieron un uso muy amplio de las redes sociales y que movilizó a la ciudadanía. La estrategia del equipo de campana de Lula fue muy activa en las redes sociales y logró llegar a muchos de los que en la primera vuelta no fueron a votar.
La abstención es un fenómeno en ascenso en los países de la región, por eso en esa primera vuelta en Brasil el ausentismo fue alto y por eso los responsables de la campaña de Lula se concentraron en movilizar a ese grupo tratando de llegar a ellos y en eso fueron muy exitosos, logrando especialmente llegar a los más jóvenes y a los adultos mayores, que aumentaron su asistencia a la votación. También consiguieron que otros grupos de la ciudadanía cambiara su voto. Todo esto le dio el triunfo a Lula, que asumió la campaña personalmente y estuvo muy activo.
El equipo de Bolsonaro también consiguió que grupos de población que no asistieron a la primera vuelta se sumaran y lo apoyaran, pero en menor medida que su contrincante. El resultado final con esa diferencia, del 3,1% a favor de Lula, fue un gran éxito, ya que en general el ganador en la primera vuelta suele ser el ganador en la segunda. En Brasil el domingo este fenómeno se invirtió.
Un dato importante es el gran apoyo a Lula de las mujeres brasileñas sin variaciones demasiado evidentes según grupos de edad, ni otra variable. Este apoyo del voto femenino se debió fundamentalmente a las políticas frente a los derechos de la mujer de Lula, que fueron y son mucho más favorables a la igualdad de género que las que Jair Bolsonaro, el padre de Flavio y líder real del partido, tuvo durante su gobierno.
Esta política del gobierno Lula a favor de la igualdad de género también caracterizó su posición en la política exterior, motivo por el cual la mayoría de las mujeres activistas y feministas de los países de la región y del mundo valoran la posición del gobierno de Brasil bajo la presidencia de Lula.
Por eso frente al crecimiento de los gobiernos de derecha extrema que ganaron en las últimas elecciones en los países de la región, que sumados a algunos ya en el gobierno desde antes, empezaron a cambiar la tendencia a favor de la igualdad de género, característica de la región a nivel mundial. En esa instancia la región es una voz fuerte y muy sólida en apoyo y promoción de las posiciones más avanzadas sobre los derechos de mujeres y niñas en toda su diversidad y de la población LGBTQI+.
Por eso la posibilidad de que en Brasil, un país muy vocal y progresista que lideraba, y a los que muchos otros países escuchan y acompañan en el plano regional y global, hubiera ganado la presidencia Flavio Bolsonaro, era muy peligroso. Si Bolsonaro hubiese ganado, la política exterior brasileña habría cambiado y se hubiera unido a la de EE.UU., Argentina y otros gobiernos de derecha que niegan la desigualdad y se oponen a los derechos de mujeres, niñas y la población LGBTQI+, y habría debilitado la posición progresista regional. La política de Brasil de apoyo de la igualdad de género se hubiese caído, tanto en la política interna como en la externa, con el impacto negativo dentro y fuera de Brasil. Por eso el éxito del presidente Lula fue celebrado muy ampliamente por las mujeres y feministas brasileñas, como las de la región y el mundo.
En un momento con retrocesos evidentes en riesgo de profundizarse, este triunfo significa un golpe favorable que va a repercutir dentro y fuera de Brasil, porque no solo seguirán, y esperemos se profundicen las políticas en Brasil para afianzar más la igualdad de género, sino que también a nivel regional y mundial permitan que estas políticas perduren y se amplíen.
El domingo pasado todas las mujeres defensoras de los derechos de mujeres y niñas y de la población LGBTQI+, reconocidas o no como feministas, seguimos atentamente está elección y respiramos profundo cuando el resultado marco el triunfo de Lula. Para nosotras el gobierno de Brasil dirigido por Lula es una garantía para defender nuestros derechos, en momentos críticos. Y esto no tiene necesariamente connotaciones políticas partidarias en los países, pero sí de política exterior feminista a nivel mundial donde comparten muchos países con muy variada posición ideológica, pero en la que no entran los de extrema derecha. Esos quedan fuera y generan grandes problemas y riesgos.
En marzo 2026, en la comisión de la condición de la Mujer (CSW, ONU) ya padecimos la presión de EE.UU. y por primera vez se requirió votar una posición abandonando la búsqueda del consenso. El riesgo continúa porque aumentan los países que comparten la posición de Trump; frente a eso, Brasil y México en nuestra región son claves para sostener los derechos conquistados. Gracias pueblo brasileño en nombre de la democracia y la igualdad de género.