Protestas que replican las realizadas semanas atrás, cuando estudiantes montaron campamentos con tiendas de campaña y ocuparon escuelas para hacer oír sus demandas, impulsadas por movimientos similares en países europeos como España y Francia, que muestran un continente convulsionado por el malestar social.
“Manifestar es un derecho, destruir ciudades no”, había advertido Meloni con relación a los hechos violentos que pequeños grupos llevaron a cabo en movilizaciones anterior, donde una minoría provocó destrozos en locales comerciales mientras lanzaba piedras a la policía antimotines.